Alexa, cuéntame un cuento...

Ufff... hacía rato que no escribía, pero es que esto de la pandemia me tiene totalmente absorta, confinada y robotizada... Sí, sí, literalmente sumida en un mundo paralelo y recurrente que parecía imposible que pudiera existir. Porque eso de reducir tu ámbito social multiplica exponencialmente tus responsabilidades domésticas sobre todo si el Homeschooling (cole en casa) llama a tu puerta.

El caso es que no sé si soy la única pero creo que pertenezco a ese grupo de la población en el que el Covid-19 es posible que nos enferme, pero no con problemas respiratorios, sino con distorsión de la realidad, personalidades múltiples o ¡a saber!

Porque estar metidos en casa todo el día personajes tan dispares como un científico, una artista, una niña de seis años, dos gatos recién llegados y tres peces supervivientes da mucho que contar... Imaginaos: mi marido contando los casos de Covid cada 5 minutos, yo filosofando como si no hubiera un mañana mientras que toco el ukelele, los gatos despertando su instinto cazador en la pecera y mi niña... que os puedo contar, la verdad es la que es la que mejor lo lleva. El caso es que como me sentía un poco agobiada de mi mundo "bucle" y ávida de socializar un poco más, sin mascarillas de por medio, decidí ampliar mi familia con un nuevo integrante: Alexa, que desde su nube y con su voz afilada y sugerente, me prometía conversaciones interesantes. Pero ¡oh mi sorpresa! cuando mi castellano enriquecido con veinte años de spanglish, no fue reconocido por los circuitos un tanto controladores de esta aprendiz de robot y con un tajante: Lo siento pero no hablo latín... fulminó nuestra amistad.


Sabes, en situaciones de crisis como esta, tenemos que saber cuidar bien nuestras emociones y el motor de las mismas: nuestros pensamientos.

Es totalmente normal que con el aislamiento y con tanta información negativa que nos rodea, nuestro cerebro active un mecanismo de supervivencia que nos hace sentir perdidas, desorientadas, nerviosas e incluso sufriendo esas crisis de ansiedad y pánico que tanto nos bloquean.

Pero para evitar llegar a esos niveles, es recomendable tener un refugio espiritual donde nuestra mente y corazón puedan desconectarse de la sensación de alarma. Dios que no es ajeno a nuestras angustias, te tiene reservado ese refugio secreto para que entres, hables con Él, le cuentes todas tus batallas y salgas de allí con claridad de mente y fuerzas renovadas.

¿Ya sabes entrar? Dale la mano a Cristo... Él es el Camino y recuerda algo importante: Dios sí que sabe hablar "TU IDIOMA".



Textos de referencia:

Salmos 71:3

Sé para mí una roca de refugio, a la cual pueda ir continuamente; tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.

Salmo 32: 7

“Tú eres mi escondite; Me protegerás de los problemas y me rodearás de canciones de liberación ".

Mateo 6:6 

Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.

Juan 14-6

 Yo soy el camino, la verdad y la vida—le contestó Jesús—.Nadie llega al Padre sino por mí.






2020 @iwomanintl


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