LA BANDA SONORA DE MI ALMA


Si tuviera que pintar un retrato de mí misma, no dudaría ni un segundo en dibujarme con una guitarra. Esa caja sonora, curvilínea y espigada supo captar mi antención desde que era muy niña. Y es que en mi mundo de Barbies glamurosamente silenciosas, ninguna supo captar tanto mi antención como aquella guitarra... mi única "muñeca" capaz de hablar a mi alma con melodías por entonces la verdad no muy afinadas. Y esas notas me enseñaron un lenguaje que susurra a mis emociones y que siempre me acompaña: La música, esa brisa invisible de armonías cómplices, esa máquina del tiempo que podemos usar en cualquier momento y que nos permite revivir sensaciones olvidadas... Porque no me negaréis que no se nos escapa algún que otro suspiro al escuchar la banda sonora de Titanic e incluso las más osadas pueden pensar que están con el mismo Leonardo viajando a la deriva. Lo que está claro es que la música tiene un poder indescriptible para canalizar nuestros sentimientos y hacernos volar hacia dimensiones totalmente insospechadas.

Pero si tuviera que elegir de entre todos los géneros musicales mi favorito, hay un expresión musical que trasciende mas allá de mi realidad física, con un estilo no muy pop pero si muy gospel que no entiende de hits, pero sí de "golpes": El canto que Dios da en la "noche". Una melodía entrecortada e implorada que no es sostenida por mi diafragma ya que no es el aire de mis pulmones sino el viento en mi espíritu quien la canta.

Porque tarde o temprano a todas nosotras la vida nos sorprende con algún que otro sencillo que precisamente no suena a canción del verano. Tristezas, decepciones, pérdidas de un ser querido o experiencias dolorosas apagan la luz de nuestros días sumiéndonos en una constante noche oscura, sin estrellas. Dios sabe que pasaremos por momentos difíciles en los que ni siquiera los consejos y el amor de nuestros seres queridos serán capaces de iluminar nuestra alma. Pero incluso en medio de esa oscuridad , estará su música... Ese silbo apacible que susurra en nuestro espíritu con cadencia de esperanza. Esa melodía afinada en clave de alabanza entonada en las fuerzas que sólo Dios nos puede dar, cuando en nosotras ni siquiera quedan lágrimas.

Decidido: no permitiré que la noche enmudezca mi guitarra y buscaré de nuevo su canto, para que mi amanecer tenga el brillo del sonido de alabanza.

Textos de referencia:

Salmo 42:8 De día mandará el Señor Su misericordia, Y de noche Su cántico estará conmigo; Elevaré una oración al Dios de mi vida.

Job, 35:10 Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, Que da cánticos en la noche,

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