YO NO ME LLAMO ALICIA


Si me pudierais ver por un agujerito, os sorprenderíais al verme rodeada de princesitas caprichosas, superheroes invencibles y leones resfriados que entre carcajadas, empujones y alguna que otra pataleta, desperezan mi día y alegran mi realidad con su inocencia, activando en mí eso que llaman fantasía. Yo no me llamo Alicia, pero mi mundo a veces se camufla en un histrionismo un tanto maravilloso, sobre todo los sábados por la mañana cuando llevo a mi niña a jugar al parque. Y casualmente este sábado, mientras mi mente divabaga entre el confuso chirrido de un columpio medio agónico y el sorbo frio de un cafetito aguado, la llamada de una buena amiga acentuó el dulzor de ese momento. El caso es que después de media hora "poniéndonos al día", ella, muy seria y con cierta preocupación me confiesa: "—Raquel, parece mentira, voy camino a los cuarenta y todavía no he aprendido a soñar. Soy una malísima soñadora, una experta en arruinar mis propios sueños... Cuando me pongo a fantasear sobre cosas que anhelo, siempre termino pensando en algo negativo. Ayer, sin ir mas lejos, estaba en la cama imaginando cómo sería la casa de mis sueños y terminé pensando en cómo iba a hacer para limpiarla o si a lo mejor estaba lejos del trabajo y créeme, eso me generó tal ansiedad que no pude pegar ojo hasta el punto de no ponerme a contar ovejas porque seguro que las termino trasquilando." Yo, en fuera de juego e intentando encontrar una respuesta lógica que aliviara su angustia, respondí con una carcajada no menos inoportuna de esas que hacen que los segundos sean eternos...

Y es cierto, ¡que sería de nosotras sin los sueños! De pequeñas soñamos con ser princesas pero de mayores nos agobia tener que limpiar el castillo o queremos ser astronautas pero el miedo a "volar" nos atenaza... pero si el soñar regala a esta vida gotitas de felicidad, prefiero vivir soñando que empezar a morir simplemente viviendo.

No cabe duda que los sueños hacen mas llevadera nuestra "obtusa realidad". Todas en cierta manera soñamos, pero muy pocas somos las que trabajamos en pos de esa ilusión. Dios es el que forja en nuestro corazón esos deseos y nos promete que si andamos pegadas a Él podremos obtenerlos, pero muchas veces la falta de fe, de constancia, los pensamientos negativos o sencillamente el hecho de no ponernos pequeñas metas, marcan la diferencia entre vivir simplemente soñando o conquistar aquello que una anhela.

Decidido: Dejaré que Dios active mis sueños aunque sea yo misma la que tenga que limpiar mi enorme castillo.

Textos de referencia:

Salmo 37:4

Deléitate asimismo en Jehová y él te concederá las peticiones de tu corazón.

Lamentaciones 3:24-25

Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré.

Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca.

2017 © iwomaninternational


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